Qué cuestión más corta, y que difícil es de responder. Pero creo que es una pregunta que muchos aficionados de los Packers nos podemos hacer después de acabado el primer tercio de la temporada regular. La pregunta hace dos semanas quizás no nos la habríamos ni planteado, pero después de tres victorias consecutivas, las dos últimas con mucho brillo y con una mejora evidente, nos sube un poco el ego y la sensación de que este equipo puede hacer algo significativo esta temporada. Pero ante esta cuestión, nos podemos hacer otra: ¿para qué nos llega? ¿Para playoff? Yo creo que sí. ¿Para llegar al gran partido? Quizá esa sea la pregunta.
Una cervecita, de momento
Después de las derrotas ante Minnesota y Atlanta, y de unas primeras semanas en las que el equipo alternó buenas intenciones con decisiones que invitaban a esconder la cabeza bajo una manta, resulta agradable comprobar que nuestros Packers han decidido ponerse a trabajar. Tres victorias consecutivas ante Tampa Bay, Chicago y Dallas han cambiado el paisaje. De repente, el balance es de 4-2, la temporada vuelve a tener buena pinta y algunos empezamos a mirar el calendario con esa peligrosa mezcla de ilusión y optimismo que alguna que otra vez veces termina con nosotros maldiciendo en arameo a altas horas de la madrugada.
Tras éstos dos últimos encuentros hemos podido comprobar que el equipo empieza a controlar mejor los partidos, que la defensa es capaz de castigar los errores rivales y que Jordan Love tiene recursos para marcar diferencias. Después de unas semanas de dudas, uno empieza a ver algo parecido a un plan. Y eso, en Green Bay, ya es motivo suficiente para descorchar algo, aunque sea una cerveza de Wisconsin y no una botella de champán francés.
Lo de Jordan y lo de la defensa
No exagero ni un pelo si digo que Jordan Love está en un nivel espectacular. Este domingo apuntaba a partidazo antológico (malditos drops), y se quedó en un gran partido, porque los fríos números no llegaron a acompañar. Pero los que vimos el encuentro sabemos el nivel que desplegó nuestro QB en el campo más allá de las estadísticas, con ese saber estar y ese poise que caracteriza a Love a pesar de tener una intercepción, y sabemos que, si lo de alrededor no falla, con Jordan Love podemos estar tranquilos.

También me está gustando la respuesta de la defensa. Contra Chicago provocó cinco pérdidas de balón y frente a Dallas interceptó dos pases de Prescott. Son números que ayudan a ganar partidos y que, además, permiten que el ataque no tenga que resolverlo absolutamente todo.
Eso sí, tampoco conviene pensar que vamos a vivir permanentemente de los regalos del rival. Provocar errores es una virtud; esperar que el contrario se empeñe en regalarnos el balón es una estrategia que suele tener la fecha de caducidad de la leche fresca
Por primera vez en varias semanas, tengo la sensación de que las piezas empiezan a encajar. No todas, no siempre y no necesariamente en el orden correcto, pero se observa una mejora, un crecimiento, un cambio, y mientras no nos bajen el suflé hay que agarrarse a ello y esperar que vayamos mejorando conforme avance la temporada.
En busca de la felicidad… y de una plaza en enero
Hay una película que me viene a la cabeza cuando pienso en cómo ha cambiado el ánimo alrededor de este equipo: En busca de la felicidad. La historia de Chris Gardner, interpretado por Will Smith, nos recuerda que las cosas pueden ponerse muy cuesta arriba antes de empezar a mejorar. El protagonista encadena dificultades, recibe golpes por todas partes y, aun así, sigue buscando la manera de salir adelante hasta encontrar su oportunidad.
Dios me libre de comparar una temporada de la NFL con las dificultades de la vida real, porque sería una frivolidad. Pero sí hay algo en esa historia que encaja con lo que estamos viendo en Green Bay: un mal comienzo no tiene por qué escribir el final.
Hace unas semanas, después de la derrota contra Atlanta, el ambiente invitaba a revisar todas las decisiones de la franquicia desde el draft hasta la última renovación contractual. Siempre hay alguien dispuesto a explicar que todo está mal, que el entrenador no sirve, que el quarterback no es suficiente y que la temporada está perdida.
Ahora estamos empezando a hacer exactamente lo contrario: imaginar hasta dónde puede llegar el equipo. Y, sinceramente, aunque la crítica siempre es lícita, prefiero esta segunda actividad. Entre lamentarnos por septiembre y soñar con enero, me quedo con lo segundo, siempre que no confundamos soñar con dar por hecho que el trabajo está terminado.

Hemos dejado atrás aquel inicio decepcionante y hemos encontrado una manera de competir que invita a pensar que todavía tenemos margen para crecer, pero eso no significa que debamos olvidar las derrotas, ni que cada victoria sea una demostración de que vamos a ganar el campeonato. La NFL es demasiado exigente para semejantes fantasías. Una semana puedes sentirte candidato a todo y la siguiente estar discutiendo si el problema es el entrenador, el coordinador ofensivo o el señor que vende las salchichas con cheddar en el estadio.
Pero tampoco tenemos que vivir permanentemente instalados en la sospecha. Si el equipo mejora, hay que reconocerlo. Si gana tres partidos seguidos, hay que disfrutarlo. Y si empieza a ofrecer argumentos para creer que puede clasificarse para los playoffs, sería absurdo seguir comportándonos como si estuviéramos ante una catástrofe deportiva. La película de los Packers todavía no tiene final. Hemos superado el prólogo, parece que hemos encontrado una trama interesante y ahora toca comprobar si los protagonistas están a la altura del guion. De momento, al menos, ya no parece que estemos viendo una de los hermanos Marx.
A por el pavo
Así que sí: estoy ilusionado. Para mí, ser de los Packers consiste un poco en eso: celebrar e ilusionarse cuando toca, sufrir cuando no queda más remedio y desconfiar de cualquier partido que parezca demasiado tranquilo. Después de todo, todavía queda mucha temporada, muchos rivales por delante y unas cuantas oportunidades para que el equipo nos demuestre de qué está hecho.Por ahora, disfrutemos de las tres victorias consecutivas, de la defensa, de Love y de esa sensación tan agradable de volver a mirar la clasificación sin necesidad de buscar primero un tutorial o una explicación sobre cómo funciona el desempate.
Los Packers están creciendo. Los playoffs (y quizás algo más) empiezan a parecer un objetivo real y no una fantasía de aficionado. Y, aunque nadie nos garantiza un final feliz, al menos parece que hemos dejado atrás los primeros capítulos de sufrimiento.Que dure. Y, por favor, si podemos comernos el pavo sentados en una buena silla, viendo cómo el resto de rivales se pelean por tener una buena plaza en la mesa, mejor que mejor.