Un fichaje de (otra) época

Cualquier aficionado de los Packers que haya llegado al equipo en este siglo tiene claros ciertos conceptos, ciertas verdades inmutables que forman parte de la idiosincrasia de la franquicia. No se eligen receptores en primera ronda del draft, no se añaden gorditos para la línea ofensiva en rondas altas, no se incorporan estrellas en el mercado de fichajes… Estas verdades han permanecido inalteradas durante décadas, y permanecen instaladas en lo más profundo del subconsciente del sufrido aficionado quesero.

Pero ¡Vivimos tiempos de cambio amigos! La jubilación de Mike Murphy ha abierto de par en par las apolilladas oficinas de Lambeau Field llenando de aire fresco la franquicia y convirtiendo esta off-season en algo diferente. Ya lo anunciaba Gutenkurst hace unos meses cuando hablaba de la falta de «urgencia» por obtener resultados instalada en el equipo. También lo avisaba el pupilo de Murphy, Ed Policy, cuando no solo no renovaba, sino que ponía el foco tanto en Matt LaFleur como en el propio Gute. El dogma estaba a punto de cambiar, pero no lo sabíamos todavía.

Todo el proceso de cambio comenzaba con el draft celebrado, por primera vez en la historia, en la ciudad de Green Bay. En él, para regocijo de los más de 100.000 asistentes se elegía en primera ronda a Matthew Golden, un receptor proyecto de estrella. Primer mandamiento, a la porra. Durante la post-temporada se incorporaban Aaron Banks, protector interior, Anthony Belton y John Williams, placadores perimetrales. Gorditos a mí, que diría aquél. Segundo precepto de la religión Thompsoniana liquidado. Faltaba derribar el último de los muros. Traerse una estrella de la liga. Sin prisa, pero con urgencia, la gerencia se ponía a ello trabajando en la sombra hasta conmocionar al mundo con el anuncio del fichaje de uno de los mejores jugadores de la competición. Aterrizaba en Green Bay Micah Parsons, el acechador de QBs, un talento generacional. El último de los muros caía. Los Packers han muerto, vivan los Packers.

A 1.118 millas de distancia la situación era muy diferente. En el hogar de los Boys, las cosas seguían su curso natural de los últimos 30 años. El equipo de América acumulaban talento, pero era incapaz de traducirlo en títulos. Las oficinas de los Cowboys, lideradas por su propietario Jerry Jones, abordaban un 2024 con muchas renovaciones en el horizonte. Dak Prescott, CeeDee Lamb y Micah Parsons, un trío de estrellas que había que retener a golpe de talonario. La situación de los dos primeros invitaba a afrontar sus extensiones con inmediatez, mientras que el contrato rookie de Parsons daba cierta flexibilidad en el tiempo, no sin antes ejercer su opción de quinto año para poder retener al talentoso jugador. A pesar de las circunstancias el equipo había mostraba su compromiso y en Febrero Parsons devolvía esa confianza con un clásico «soy de los Cowboys desde shiquitito y quiero retirarme vistiendo esta camiseta«. Recordemos, Febrero de 2024.

En Septiembre de ese mismo año, Prescott y Lamb firman sus extensiones de 240 y 136M respectivamente. El plan de Jerry progresa adecuadamente. Durante la temporada se aprecia en la liga, con un juego que se enfoca cada vez más en el pase, una tendencia al alza en el puesto de edge rusher, como hace unos años pasara con los left tackle. Esa tendencia alcista cristaliza en el mercado de fichajes de este 2025, con grandes nombres buscando el contrato de sus vidas. En palabras del propio Parsons «soy el mejor jugador del mundo, pero no necesito un contrato de 40M«. Diciembre de 2024, antes de que Myles Garret, primero y T.J. Watt después, rompiesen la barrera de los 40M anuales para un jugador no QB en la historia de la liga. La negociación para su extensión calentaba motores.

En Marzo se produce una extensa reunión entre Jerry Jones y Micah Parson, sin la presencia de su agente. En dicha reunión, Jones habla acerca de liderazgo, de contratos, de primas de fichaje, de firmar todo en una servilleta sin el asesoramiento de su agente… Unas formas de negociar más propias de mediados de los años 60 que descolocaron completamente al jugador, que se sintió insultado por la actitud del propietario del equipo.

Llega Agosto, y con él la pretemporada del equipo. Parsons decide solicitar públicamente el traspaso. Lo que parecía desde fuera un clásico subterfugio para obtener una mejor palanca negociadora, que sirviese de mecanismo de presión para obtener un mejor contrato, era en realidad una actitud sincera del jugador, que cansado de los tejemanejes del propietario necesitaba un cambio de aires. Desde el punto de visa del propietario, ambos tenían un acuerdo y no comprendía a que tanto alboroto. Durante todo el mes se produjeron varios cruces de declaraciones en uno y otro sentido, que fueron la comidilla del caluroso verano de Dallas.

Y en estas aparece un director deportivo, con urgencia, con la necesidad de arreglar un juego de presión defensiva que hizo aguas el año pasado, con valor y decisión, e hizo su apuesta. Un «vente p’aca mozo» de toda la vida. Para convencer al viejo Jones, se le pone encima de la mesa un caramelito como Kenny Clark que solucionaría sus problemas de defensa por vía terrestre y dos primeras rondas del draft de 2026 y 2027. Jones acepta, Parsons vuela a Wisconsin y los Packers pasan a ser uno de los candidatos a todo esta temporada gracias a uno de los fichajes más impactantes de la NFL. Veremos el recibimiento que le espera el 28 de Septiembre, cuando los Packers viajen al AT&T Stadium en Sunday Night Football.

¡Alabados sean estos nuevos Packers!

Como me tiren un cochinillo la liamos - Imagn Images
Como me tiren un cochinillo la liamos - Imagn Images

Germán de la Puente

Cuéntanos qué opinas