
En los años 80 aparecieron en una editorial española unos cuadernos de ejercicios que se hicieron muy famosos en ésa década y en la siguiente, en los que los niños y niñas en edad escolar podían reforzar lo aprendido durante el curso, asimilar conceptos, y no perder las rutinas y las buenas costumbres adquiridas con esfuerzo, trabajo y sacrificio durante el año lectivo.
En la NFL ha empezado el curso, y por lo visto hasta ahora nuestros Green Bay Packers este verano se han dedicado a golfear en la playa, o en el río, o en las fiestas del pueblo, y no han hecho los deberes.
Porque una cosa es suspender un examen y otra muy distinta presentarse al examen sin haber abierto el libro. Y estos Packers se están presentando a clase con el cuaderno en blanco.
El primer aviso llegó en Minnesota. 39-22. Un partido de esos que empiezan a torcerse y en los que, cuando quieres darte cuenta, estás mirando el marcador pensando que igual has entendido mal los números.
Después vinieron los Jets y una victoria que, sinceramente, sirvió para poco más que para tranquilizar a la familia. Ganamos, sí. Tres puntos de diferencia, 20-17, y todos pensando que bueno, que quizá (solo quizá) lo de Minnesota podría haber sido un accidente, uno de esos días tontos que tiene cualquier equipo.
Y entonces llegó Atlanta. 35-14, en Lambeau. Ahí ya no hay accidente que valga.
Los Falcons llegaron, hicieron su partido y durante buena parte de la noche dieron la sensación de ser el equipo que sabía perfectamente lo que quería hacer. Los Packers, en cambio, parecían estar esperando a que alguien les explicara qué tocaba. Y eso, a estas alturas del curso, a mi ya empieza a preocupar de verdad. Matt LaFleur dijo después del partido que había sido una noche humillante. Pues sí. No hace falta darle muchas más vueltas. Porque lo preocupante no es perder, en la NFL se pierde y se va a perder mucho. Lo que molesta es la sensación que deja el equipo. Y contra Atlanta la sensación fue bastante mala.
Green Bay empezó ganando 7-0 y durante unos minutos incluso pareció que los deberes estaban hechos. Pero aquello duró poco. Los Falcons se pusieron a jugar y los Packers se fueron deshaciendo poco a poco.
Y luego está lo del ataque: nueve carreras, diecisiete yardas. ¿En serio?
Jordan Love acabó lanzando 53 pases y, con el partido poniéndose cuesta arriba, terminó siendo prácticamente la única manera que encontró Green Bay de mover el balón. Una intercepción incluida.
No parece el plan ideal para una temporada en la que se suponía que este equipo quería competir por cosas importantes (¿o no era así?)
Y aquí es donde vuelven a aparecer los cuadernos Santillana. ¿Soy yo el único que tiene la sensación de que no se ha entrenado éste verano? Obviamente, sí que se ha entrenado, o por lo menos se han presentado a entrenar, pero en el emparrillado no se nota, más allá del desempeño aceptable de los special teams y algunos momentos en defensa.
Y es que existe la sensación de que ésta temporada es la continuación de la temporada anterior, con brotes verdes, pero con la misma mala imagen, con la misma impresión de que somos un equipo que puede perder con cualquiera. Nos tiene que salir en el exámen el único tema que nos sabemos para poderlo aprobar. Y es que cuando no se estudia cuando toca, luego los resultados no son los que uno desea.
Y mientras tanto, el calendario no espera a nadie. Ahora viene Tampa Bay, después Chicago, Dallas y Detroit. O sea, que, si alguien en Green Bay pensaba que todavía quedaba tiempo para ponerse al día tranquilamente, quizá debería ir avisándole de que las vacaciones se han terminado. Lo que toca ahora es sentarse delante del cuaderno y empezar a repasar.
Creo que no hace falta inventar nada raro. Tampoco hace falta descubrir el fútbol americano otra vez. Hace falta que el equipo que vimos durante buena parte del año pasado vuelva a parecerse a sí mismo.
Que la defensa deje de tener esos agujeros que aparecen en momentos inoportunos.
Que el ataque encuentre algo parecido a un juego terrestre.
Que Love no tenga que lanzar medio centenar de veces para que el equipo tenga alguna posibilidad.
Y, sobre todo, que los Packers empiecen los partidos sabiendo qué quieren hacer, porque ahora mismo da la impresión de que llevan tres semanas llegando tarde a clase.
Todavía estamos en septiembre. Queda muchísimo curso por delante y sería absurdo sacar conclusiones definitivas después de tres partidos, pero tampoco estaría mal empezar a hacer los deberes, que luego llegan los exámenes de verdad y pasa lo que pasa. Y de momento ya tenemos algún suspenso que habrá que recuperar si queremos que el curso acabe bien.
Saquen los cuadernos, saquen los lápices, y a estudiar.